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PARA CECILIA SEGOVIA JORQUERA

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El día 16 de febrero de 2020, hace tres meses y algunos días, murió mi señora Cecilia Segovia Jorquera de un infarto al miocardio, en la ciudad de Arica. Y con su partida, también lo mejor de mi ser posible de ofrecerle al mundo quedó trunco, desmovilizado: sueños (familiares, personales), proyectos (literarios, musicales, teóricos).

Ojalá pueda superarlo algún día. Por mis dos hijos, Pablo y Patricio; también por mis queridas nietas, Valentina y Antonia, con quien Cecilia disfrutaba sus vacaciones de verano. Por su amada memoria. Por el futuro.

Desde que volví desde El Parque del Sendero en Arica, donde ella descansa junto a su bondadoso padre Alfredo Segovia Rivera (Q.E. P. D.), hasta este preciso momento en que redacto estas líneas, solo salgo a una banca de la plaza de mi barrio con mi perro para llorarla. Sé que es inútil, pero las lágrimas atenúan mi pena. Catarsis liberadora.

Mi perro, fiel y noble compañero, también en silencio solidario camina a mi lado. Algunas personas vuelven la vista atrás, viendo extrañados mi actitud. No es algo que me preocupe. En absoluto.

Quien no haya experimentado una pérdida, difícilmente podrá empatizar con mi desolación. Con mi dolor. Después, en la noche, espero el silencio de mi pieza para recordarla, una y otra vez. A la hora de su fallecimiento (06:10 A.M.), finaliza mi vigilia y logro conciliar el sueño.

A Cecilia la conocí cuando ingresé a la Universidad de Tarapacá, el 3 de abril de 1983. Ella ya estaba muy próxima a egresar. En el bautizo mechón de nuestra carrera (Pedagogía en Castellano), la elegí mi madrina. Y como una mentora de excelencia, me guió hasta mi egreso. Son muchas cosas las que le debo a mi compañera que ha partido. Demasiadas.

Y en esta comunidad virtual de Literatura  WWW.BENJAMINGUZMAN.COM diseñado por mi querido amigo Sebastian Díaz Villada, espacio destinado a difundir y promocionar la forzada reinvención en que me encuentro en esta etapa de mi vida (lograr la publicación y venta de los libros, producto concreto de mis estudios profesionales y postgrados en el extranjero), quiero rendirle un homenaje a mi señora Cecilia Segovia Jorquera (Q. E. P. D. )

Ella es la mujer que le dio significado y sentido a mi vocación de escritura.

Que me hizo hombre, en toda la extensión de la palabra.

Que me hizo luchar con ahínco por una causa justa.

Que me dio dos hijos, esenciales motivos para levantarse a trabajar con alegría cada día.

Ella es la mujer que, con su propio y denodado esfuerzo como docente, me hizo elevar el vuelo hacia otros horizontes, porque creía en mí, en mis supuestas capacidades, mucho más que yo. Aunque el precio fuera demasiado alto.

Cecilia se fue pa’l cielo,

amados Pablo y Patricio.

El pilar del edificio:

Docencia/Justicia/Anhelos

siempre brindando consuelo.

Por Antonia y Valentina

por su existencia que trina

haré mi mejor esfuerzo

aunque sople el viento cierzo

preservando su memoria…

Cecilia Segovia Jorquera

compañera insobornable

hija y madre formidable

tía y abuela señera:

ni toda la tierra entera

podrá cantar tu canción.

Con rabia y desolación

-evanescentes recuerdos-

a nuestros frutos me aferro

sosiego pa’l corazón.

Contigo aprendí el camino

pero no estuve a tu altura

fuiste halcón en tu estatura

yo apenas dibujé un destino

¿Fracasos o desatinos?

“Al mal tiempo, buena cara”

dijo tu voz tan clara

y acogiendo mi tristeza

me cubriste de entereza

dejando muy alta la vara.

Compañera, vuestro nombre

se agiganta en la memoria

caminando hacia la historia

del gran porvenir del hombre

porque nada falte y todo sobre

aunque duelan las heridas.

Pedagoga combativa

te despides de este mundo

fue tu mensaje fecundo

pura luz y pura vida…

Con todo mi amor,

Benjamín Isidro Guzmán Toledo.    

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